Martes 24 de Noviembre de 2020

Pablo Marimán: Reflexiones críticas sobre Curacautín, civiles, carabineros y huelga de hambre

Fuente: Directa Conciencia Informativa

En esta oportunidad conversamos con Pablo Marimán, historiador, miembro de la Comunidad de Historia Mapuche y la Asociación de Investigación y Desarrollo Mapuche, académico del Departamento de Antropología y del Núcleo de Estudios Interétnicos e Interculturales de la Universidad Católica de Temuco sobre los últimos eventos ocurridos en la ciudad de Curacautín, sobre la condición de los presos políticos mapuche y la irrupción de la bandera mapuche en el marco de revuelta social del 18 de octubre, entre otros importantísimos temas

A la luz de los últimos acontecimientos ocurridos en Curacautín, en que podemos observar a civiles operando como una fuerza en el desalojo de comuneros de la municipalidad de esa localidad junto a carabineros ¿Qué lectura nos puedes hacer de esa escena?

En diversas declaraciones de organismos mapuche se ha señalado la similitud -a manera de un déjà vu- de esas escenas con aquellas propias del golpe o bien con la guerra y posguerra que el estado hizo al pueblo mapuche. Lo que se vio allí fue un sinsentido, una contradicción entre lo que dicen con lo que hacen las instituciones de orden, pues los civiles que atacan a los ocupantes de la municipalidad, destruyendo la misma, lo hacen en horario de toque de queda. Luego se ve como esos civiles coordinan acciones con la fuerza pública, es decir, no aplican la exclusividad del procedimiento o el monopolio de la fuerza de que se ufanan. Por otro lado una líder del fascismo criollo llama a una confrontación durante la cual las alusiones racistas son detonantes del desalojo  y al pasar de los días no hay ninguna sanción a pesar que la sociedad (incluyendo la de ese pueblo) por distintos medios condenó mayoritariamente los actos pidiendo justicia. Posteriormente y ante las amenazas de gremios como el de los camioneros, los mismos grupos que se entienden con APRA, que  avalan y amenazan con paros la precaria economía del país, son recibidos por las autoridades de gobierno como si fueran las únicas víctimas e interlocutores válidos. Entonces, y francamente, está claro que esto es una etnocracia de ciertos chilenos (minoritarios pero poderosos), que siguen viendo al mapuche como un enemigo interno. Aquí se dan la mano los grupos con poder político y económico que gobiernan con aquellos que, en las provincias, se subordinan y sacan provecho de ese orden. Esto es también una construcción de identidad, excluyente por supuesto de otras preexistentes, vigentes y con proyectos más bien de coexistencia que de negación. 

¿En qué otro momento del conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche se habían involucrado civiles, como una fuerza más o menos organizada, a las acciones?

Fue costumbre en las guerras interoligárquicas que sacudieron a Chile en el siglo XIX (1830, 1851, 1859, 1890) hacer levas de población civil que en calidad de inquilinos, vagabundos, gañanes, etc., eran obligados a tomar las armas y pelear del lado del “jutre”. En la guerra que Chile hizo al Wallmapu ocupó esta misma política, es decir, uso población civil como apoyo táctico al ejército, las llamadas guardias cívicas. Algunos obligados y otros tentados por el botín que se les ofrecía, es decir, por el saqueo. Por otra parte los colonos que se trajeron, de acuerdo al plan del Coronel e Intendente Saavedra, debían ocupar las tierras que se iban tomando y colaborar en el control cívico-militar del espacio. En la posguerra, en el proceso de construcción de la propiedad a imagen y semejanza de la hacienda chilena del norte del Bio Bio, aparecen estos grupos civiles que subordinados -e imposibilitados de crear su propia propiedad-, cumplen labores de peones o mozos de los señores, como también de guardia armada o grupo de choque. Tras el golpe también aparecen.

Antes, durante y después de la guerra, hubo fenómenos de desplazamiento hacia el Ngulumapu de parte de población “civil”, la llamada colonización espontánea, la que no es oficial, ni permitida por el estado. Ahí habría que hacer una distinción, pues muchos de ellos fueron denunciados y corridos por los hacendados (algunos masacrados como en Rankil), por lo que tuvieron distintas estrategias de acceder a lo que iba dejando la constitución de la gran propiedad y la radicación indígena. Muchos de estos se pelearon con ambos o se relacionaron con estos últimos, mapuchizándose. Sus construcciones de identidad y sentidos de pertenencia difícilmente pueden hallar eco en el fascismo local o en los intereses de los que llaman “ricos”, tampoco les son indiferentes ciertas tácticas o planteamientos estratégicos del movimiento mapuche que pueden compartir, solidarizar o disentir como sucedió en la reforma agraria y sucede en la actualidad. Lo ciertos es que hay muchos grupos con culturas y memorias cuyas espacialidades rurales urbanas, y particulares historias de sobrevivencia, matizan la construcción de lo que llaman “La Araucanía” en el Wallmapu. Hay literatura e historiografía al respecto e informes oficiales, como el de la comisión de Nuevo Trato y Verdad Histórica, que lo fundamentan. Mismo documento que este gobierno y los gremios no reconocen.

¿Qué comentario te merece el actuar del gobierno frente a la huelga de Celestino Córdoba y otros comuneros en distintos recintos penitenciarios del país?

No se ajusta a derecho, es decir, quienes están en la huelga de hambre invocan los artículos 8 al 10 del convenio 169 -que es parte del estado de derecho- que les permiten cumplir sus procesos (en su mayoría sin condenas) en sus lugares de origen. Lo segundo es su parcialidad solo entendible por el racismo que los anima y la tendencia política que representan, esto por cuanto ha permitido a militares chilenos juzgados por crímenes de lesa humanidad cometidos bajo la dictadura cívico militar ser indultados, es el caso de dos de ellos. Por último, un actuar indolente, van 100 días de huelga del machi Celestino y no ha sido capaz de conversar, por medio el ministro de justicia, con quienes representan a los huelguistas. Luego los vemos en los medios rasgando vestiduras llamando al diálogo, mientras proponen, por medio del proyecto ley Barrios anunciado por el presidente, seguir militarizando la situación sin ninguna autocrítica o cambio de la política. Mientras la corte, el tribunal supremo, no acoge los recursos de la defensoría del Machi. Celestino Córdova nos envía un mensaje de despedida… estamos todos en vilo, resistiendo también desde nuestra espiritualidad.

¿Existen los presos políticos en Chile, y de ser así, cuáles son los principales factores que se cumplirían para definir de esa manera su situación penitenciaria?

Creo que todos/as aquellos/as que estigmatizados/as son retenidos/as, prejuzgados/as, juzgados/as no habiendo pruebas o inventándoselas, anulando juicios que los habían exculpados, para culparlos definitivamente, no son delincuentes comunes ni criminales. Son presos por sus convicciones, por sus luchas tras intereses concretos -como la restitución de sus territorios-, como por valores comunes a la humanidad en todos los tiempos como la libertad, la justicia, la autodeterminación. Como lo destacó el Alcalde Millabur el estado sudafricano -que impuso el apartheid o segregación a la mayoría negra- nunca le reconoció la calidad de prisionero político a Mandela, es decir, a quien más adelante sería el presidente de ese país. En Chile no hay apartheid, pero hay colonialismo, la madre de todos los racismos, que hoy saca ventajas en un contexto de desmovilización por la pandemia. 

¿Cómo describirías la actualidad reivindicativa del pueblo mapuche en el contexto histórico de crisis social y sanitaria por la que nos encontramos a nivel global?

La reivindicación permanente y fundamental ha sido por el territorio. La coyuntura pandémica y de crisis social no ha debilitado al modelo neoliberal, la expansión de los capitales (forestales, hidroeléctricos, inmobiliarios, acuícolas, mineros, etc.) si no fricciona directamente con los territorios que habitan los mapuche los amenaza estratégicamente. La militarización de “zonas de conflicto” es la respuesta a estas resistencias, esto no avizora ninguna solución, al contrario, empeora la convivencia. Esto que preocupa y no se resuelve, predispone una actitud hacia la gobernanza de los mismos. Hubo casos en que ante el abandono y/o falta de orientaciones respecto a establecer cordones sanitarios que frenaran el covid, fueron las propias comunidades quienes se empoderaron del proceso, sin embargo, fueron reprimidos, con el consecuente aumento de los contagios en esos territorios. Donde no aumentaron fue por el control que esas comunidades ejercieron en coordinación con la población local, municipios o autoridades sanitarias. Territorio y autonomía se entrelazan, pero para los gobiernos es más rentable atender las urgencias de la precariedad económica profundizando el asistencialismo y el paternalismo.

La sociedad mapuche contemporánea tiene dos tercios de su población en la diáspora, estamos en todo el país, por lo que las reivindicaciones se complejizan y complementan también. En muchos casos se comparten las condiciones de existencia de los trabajadores, estudiantes y pobladores de la sociedad nacional; sin embargo, su especificidad lo da la proyección, la recreación de su cultura en espacios sociales diversos desde los cuales se exige también que la batería de derechos sociales, económicos y culturales que les son reconocidos en tratados, declaraciones y convenios, les refuerce sus capacidades de gestión y por otro haga que los servicios y políticas públicas -por medio consultas previa libres e informadas- se sustenten en sus derechos.

Desde los hechos ocurridos el 18 de octubre de 2019 a la fecha, Chile ha sufrido algunas transformaciones, acuerdos y acontecimientos, entre los que se encuentra el plebiscito de octubre próximo en torno a aprobar o no una nueva constitución ¿qué opinas de este proceso en relación a la posibilidad de que exista un reconocimiento de los pueblos originarios en esta carta fundamental? ¿Es una opción política para el pueblo mapuche?

Una de las corrientes de opinión mapuche sostiene que el reconocimiento constitucional que se planteó a la salida de la dictadura no se sustenta en una constitución ilegitima y moribunda como es la del 80, sí o sí hay que cambiarla. No me imagino que un mapuche que opte por votar el 25 de octubre lo haga por la opción no apruebo (como la derecha y Kast lo están promoviendo junto a sus “figuras indígenas”), sería una contradicción hasta existencial. Los gobiernos han usado la idea de un reconocimiento para sus campañas y en el parlamento reposaba el proyecto sin tener ninguna salida hasta que llegó el 18 de octubre de 2019. Una antesala fue el crimen de Camilo Katrillanka que hizo virar el eje de discusión –en los medios de comunicación- hacia las coordenadas de la autonomía política territorial; ante lo cual (y ahí está uno de los temas de deliberación de cierto movimiento mapuche, aunque en última instancia lo sanciona el parlamento chileno) se propuso escaños reservados indígenas para que en la eventualidad de una convención constituyente (o mixta) esta cuente con representantes de estos pueblos en la discusión y definición de una nueva constitución que se plebiscitaría. Para algunos esto dejaría nuevamente en manos de otros (por ejemplo los partidos) la definición de derechos que le competen al pueblo mapuche decidir. Para otros la sola calidad de sujeto de derechos que dicta el Convenio y la ONU no le asegura a los pueblos que el día de mañana les sean reconocidos y respetados esos derechos, si no es inscribiéndolos en los marcos jurídico-políticos de un estado que debe representar la construcción de una nueva comunidad política plural en materia de los pueblos o naciones que la integran. Esto dejaría atrás el modelo de estado nación por uno que se le ha dado en llamar plurinacional.

 Si se opta por involucrarse en el momento constituyente que vive el país, lo significativo sería declarar de entrada en una nueva propuesta de constitución que la comunidad política la componen un conjunto de pueblos que coexisten con territorialidades y jurisprudencia que se deben atender desconcentrando la administración para posibilitar gobernabilidades, en la figura de autonomías u otras, que descentralicen la toma de decisiones a favor de los territorios y sus poblaciones. El pueblo mapuche en su historia ha contado con gobernabilidad, entre otras institucionalidades propias que reconoce el derecho, que para algunos son las suficientes. La adecuación de estas a un nuevo modelo hará ver si se requieren otras (parlamentos territoriales) también mixtas o en co-gobernabilidad con los otros sectores de la población (parlamentos autonómico). Nada de esto es nuevo. Se ha dicho y la realidad que habitamos es la fuente de donde se inspiran las propuestas. Países vecinos han hecho este tránsito a su manera. Una cuestión no menor es que los chilenos -diferenciados por sus territorios de asentamiento, sus distinciones socio económicas e intraétnicas-, también están hablando de autodeterminación gatillado especialmente por el fenómeno de las “zonas de sacrificio” que determina el modelo económico y la camisa de fuerza en que se convirtió la constitución en beneficio del empresariado. Creo que lo que se viene es muy potente y espero que ese parto no tenga un costo elevado en materia de traumas.

¿A qué atribuyes que el pueblo de Chile haya utilizado la bandera mapuche, la wenu folle, en la revuelta social, qué dimensión simbólica le atribuyes a este fenómeno?

Escuché de personas que participaban de un mapuche trawün “constituyente” que el pueblo chileno en ese acto simbólico dio o entregó su reconocimiento al pueblo mapuche y su causa, lo mismo que negó todas estas décadas la clase gobernante. Se trataría de una apertura hacia la empatía, la que privilegia un reencuentro por sobre las distancias creadas e impuestas. Desde una escala histórica sería en apariencia la emergencia de un tercer o cuarto proceso de etnogénesis de lo chileno, es decir, de reformulación de los sentidos de pertenencia, filiación, que busca desmarcarse de aquellos que impuso la diada civilización barbarie del estado nación decimonónico. Por lo mismo circula y con fuerza entre los chilenos la idea de plurinacionalización del estado

La conformación del estado chileno luego de la independencia rompió el continuum histórico colonial que mantuvo dos situaciones diferenciadas respecto a los mapuche. El primero de ellos respecto a los pueblos de indios del norte del Bio Bio, los cuales contando con territorios y protectores se vieron bruscamente liquidados sus estatus para adaptarlos a los ideales igualitaristas de la emancipación, los que no tocaron a la hacienda, esta conservó y aumento su propiedad a costa de estas tierras indígenas y de los sujetos ahora transformados en inquilinos, gañanes y peones (esta sería la segunda etnogénesis). Esa historia invisibilizada por cierta historiografía ocultó una realidad que hoy –así como en el periodo de la reforma agraria- está nuevamente despertando no sólo en una reformulación identitaria –empuñando la wenufoye- sino también de reivindicación de derechos conculcados. Sus raíces se entraman con la de aquellos que al sur del Bio Bío, vivieron una independencia refrendada en parlamentos que mantuvieron como modalidad el pacto político por sobre la sumisión. Esto último el estado de Chile lo logra por medio una guerra de veinticinco años que hasta el presente gravita en las memorias mapuche y que a pesar del ocultamiento de la misma tras las enunciaciones de “pacificación” u ”ocupación” que hace la escolarización, la evangelización, la monumentalización, los pueblos se han transmitido de distintas formas (cuentos, poesías, cantos, recados, etc.) que transcurren con más fuerza cuando las condiciones de existencia los han encontrado en el mismo lado de confrontación. El 18 de octubre se corrió un velo y permitió a unos y otros ver con más claridad la posición en que los han dejado quienes se habían constituido en los dueños de Chile y el Wallmapu.  ¿habrá llegado la hora…?, ¿para quién?….¿ está abierta la historia?

Lo que vimos en Kurakautin son los estertores de una bestia que existe y se dejo ver, la que una vez caída su razón no tiene otra opción que usar la fuerza, la misma que construyó sus privilegios a costa de la postración de muchos mapuche y chilenos.